jueves, 8 de noviembre de 2012

Contradicciones



 
 
Siendo tímida como soy y teniendo en cuenta que siempre consideré la escritura un acto personal y muy íntimo, algunas personas de mi entorno se preguntan el por qué de un blog. Hace unos días, mientras buscaba cierta información, tropecé con esta frase: “El enemigo del autor no es la piratería: es el anonimato (Tim O’reilly)”. ¡Se acabó! Me dije. ¡Esto no puede seguir así! Y ahora me siento como si de repente me hubiera dado por desnudarme en plena calle, en medio de una plaza de lo más concurrida. Si alguien cree que he perdido la cabeza o la vergüenza se equivoca. Sigo cuerda (bueno, más o menos… lo justito para ir tirando sin que me encierren) y no me he desprendido ni un ápice del pudor, eso forma parte de mi esencia. Lo contradictorio reside en el deseo profundo, casi irracional, de que se me escuche en el silencio de ésta, mi voz, que es la escritura. Siempre tuve cosas que decir, desde muy niña, algo que no se reflejaba en mi naturaleza callada. Si alguien se metía conmigo “¡es que es tonta!” cuando estaba de vacaciones en el pueblo, mi abuela paterna, un cacho pan, salía en mi defensa “no es tonta, es discreta”. Y yo corría a refugiarme en su regazo protector (debo estar haciéndome vieja porque últimamente me acuerdo mucho del pueblo, de mis abuelos, de mi infancia… ¿será la melancolía otoñal?).
En fin, la cuestión es que aquí estoy, a mis cuarenta y tantos, cargada aún de no sé cuántas tonterías, tratando de recordar qué era eso tan importante que necesitaba gritarle al mundo. A los que me sigan, pedirles que se armen de paciencia porque para mí esto de la tecnología es como un puzle en el que avanzo a paso de tortuga, despacio y sin prisa, aunque sin pausa, pero ni siquiera sé si encajarán todas las piezas. Menos mal que tengo un atractivo ayudante técnico particular (te voy a dar mil y un besos, guapo, y después mil y uno más), que si no… 

No me hubiera importado en absoluto vivir en esa época en la que se escribía con pluma y tintero, en enormes pergaminos. ¡Ah, qué nostalgia! Como dice Candela Peña en la película Princesas, ¿se podrá tener nostalgia de algo que no te ha pasado? Porque yo la tengo. Soy pura contradicción. Eso sí, lo que me gusta lo hago con pasión. Con una pasión visceral que me nace en las entrañas.

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