domingo, 11 de noviembre de 2012

El otoño tiene su encanto






Yo soy más de verano, no lo niego. Es verdad que este año hemos sudado la gota gorda y ya se echaba de menos un respiro, pero venga ya, ¡no hay como el calorcito! Zambullirte en las saladas aguas del mar, dejarte acariciar por ese sol que, impetuoso como amante, abraza tu cuerpo mientras tú te tiras de bruces sobre la arena, con un rumor de olas de fondo. ¡Ah, eso sí que son vacaciones! Sin ocupaciones ni preocupaciones. Nada en qué pensar. La mente en blanco. ¿La mente en blanco? ¿Cómo? Ningún pensamiento negativo se interpone entre la felicidad y tú. Ah, pero... ¿la felicidad existe?, ¿y qué hay que hacer para encontrarla? Pues nada especial, sólo prestar atención. Está ahí, a tu lado. Es efímera, eso sí. Su diminuto cuerpo a menudo se mimetiza con el ambiente de tal manera que la pierdes de vista. Es escurridiza y se oculta entre sombras y recovecos. La felicidad no atiende a lo material. Está por encima de penurias económicas, desatinos políticos y conflictos laborales. Entiende más de emociones y proyectos. Si tuviera que identificarla con una época del año lo haría con el verano, sin duda. Tal vez por eso, cuando los días empiezan a refrescar, me persigue de vez en cuando la sensación de estar atrapada en un otoño gris. Pero solo de vez en cuando, ¿eh? Porque mira la cantidad de cosas que se pueden hacer cuando el frío arrecia:

-Pasear con tu pareja en un día de lluvia, abrazados bajo un solo paraguas.
-Saborear un humeante chocolate a la taza en la cafetería de siempre, observando a la gente que  pasa, a través de la cristalera.
-Compartir confidencias y risas con una amiga o varias. Sólo chicas.
-Zamparle un beso en la mejilla a tu enfurruñadísimo hijo adolescente cuando menos se lo espera.
-Disfrutar de una buena película en el sofá de casa, comiendo pipas.
-Dejarte vencer por la pereza y no sentirte culpable (Ah... Dolce Far Niente).
-Leer un libro… y después otro.
-Perderte bajo la funda nórdica entre un murmullo de besos, cuchicheos y arrumacos (¡Mmm! Esta es la mejor, con diferencia).

NOTA ACLARATORIA: No las he puesto por orden de preferencia sino tal y como se me venían a la cabeza.

¿Cursi yo? ¡Qué va! Romántica en todo caso. Y apasionada. Muy apasionada. Ahí está la felicidad, en esos pequeños placeres. Lo afirmo sin rodeos y me siento afortunada de saberlo, por mucho que yo misma ande un poco miope algunos días. Tarea pendiente: ir al oculista.

 

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