viernes, 10 de octubre de 2014

La pasión arrasa en Frigiliana

 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cuando el avión aterrizó en Málaga aquel viernes, a primerísima hora de la mañana, un atractivo chófer (que no era otro que mi primo José Manuel) ya me esperaba en el aeropuerto. Había recibido órdenes, por parte del ayuntamiento, de ir a recogerme. Iba acompañado por mi representante oficial (cómo no, mi padre). Y os parecerá una tontería, pero me sentí importante. ¡Menudo recibimiento! Ni con Lady Gaga se hubieran tomado tantas molestias. No fuimos en Limousine, ni falta que nos hizo. Me ahorré el pesado trayecto en autobús, inevitable para sortear los cincuenta kilómetros que separan la capital de la villa de Frigiliana, y ese es un dato a tener en cuenta. Bonita forma de dar comienzo a una aventura que me tenía tan excitada como ilusionada y que, por unas cosas y otras, había estado posponiendo desde hacía meses.  
 
 

Después de saludar a familiares y amigos me fui en busca de María José Caravaca (concejala de Turismo), que me había ayudado a organizarlo todo, con permiso del ayuntamiento. Luego encaminé mis pasos hacia el Centro Cultural Casa del Apero para observarlo con otros ojos, pues aunque había asistido a numerosas charlas, conferencias y actos similares, nunca lo había hecho desde el otro lado. La presentación de Pasión en Marrakech tendría lugar ahí mismo, al día siguiente... ¡qué nervios! Necesitaba concretar hasta el último detalle, así soy yo, no me gusta dejar ningún cabo suelto.
 
 



Mientras deambulaba de aquí para allá me cruzaba con gente en mi recorrido. Escasas eran las personas no enteradas de la noticia, pero alguna quedaba. Una inmensa mayoría me saludaba con entusiasmo, me felicitaba por el acontecimiento y anunciaba que haría lo posible por asistir. El desmesurado cariño con el que me asaltaban me sorprendía a cada paso.
 
 



La familia al completo se volcó en mí, colaborando cada cual a su manera para que todo saliera perfecto: mi primo José Manuel fue mi chófer particular; mi prima Ana Belén cambió su turno de trabajo para poder asistir al acto; mi prima Carmina me acercó con el coche al supermercado más cercano con el fin de comprar bebidas y picoteo para ofrecer después del evento; mis padres me alimentaron e hicieron las veces de escudo evitando visitas inoportunas en mis horas de ensayo y concentración; mi prima Esperanza y mi tía Carmela mantuvieron las bebidas frías hasta el último instante; y entre todos se encargaron de llevar los víveres a la Casa de la Cultura, y se ocuparon de que nadie se quedara sin una copa de cava o un vaso de refresco. No hay palabras para expresar lo infinito de mi agradecimiento hacia todos y cada uno de ellos. Eran conscientes de mi nerviosismo, no estoy acostumbrada a hablar en público y cuando se avecina un acto de tales características permanezco en tensión continua durante las largas horas y días previos.
 

A las cuatro de la tarde del sábado, 4 de octubre del 2014 (dos horas antes de lo previsto), ya estaba yo sentada en la mesa del patio de la Casa del Apero (se celebró al aire libre porque hacía un tiempo estupendo), con unas cincuenta sillas delante, aún vacías, contemplando el micrófono con estupor. Jamás en la vida había usado micrófono. Tuve tiempo de meditar, pasear, observar, divagar... A eso de las cinco y media llegaron Rita y Federico, de Librería Europa (Nerja) y montaron su stand con una cantidad nada despreciable de ejemplares de Pasión en Marrakech. Enseguida hizo también su aparición María José Caravaca y poco a poco, sin prisa pero sin pausa, fueron llenándose las sillas.
 

 
 
 


 
 

Algo más tarde de la hora acordada, María José pronunció unas palabras sobre mí, a modo de presentación, y luego me dejó sola ante el peligro. Arrancar fue lo peor, ya que quise hacerlo mentando a Pilar Herrero Sánchez, una gran amiga que esperaba esta presentación con la ilusión de una chiquilla, que debería haber estado ahí, sentada en primera fila, pero el destino no lo permitió. Nos dejó para siempre y de forma inesperada apenas dos semanas antes. Recordarla en un momento como ese era inevitable e imprescindible. Se lo debía. Fue muy duro. Para mí y para muchos de los presentes que, tras una emotiva ovación en su honor, me animaron a continuar. Un par de tragos de agua disolvieron el nudo de mi garganta, y la calidez del público disipó la humedad de mis ojos. Después de eso... todo fue fácil. Además, ella estuvo allí, lo sé... Estoy segura.
 
 


Siempre me he sentido en Frigiliana como pez en el agua. Se trata de un pueblo pequeño, y hasta cierto punto es comprensible que cualquier nuevo acontecimiento cause sensación. Admitamos, sin embargo, que dar a conocer una novela no es comparable a un espectáculo de baile, una representación teatral o la actuación de un grupo musical. Para el público en general, la presentación de un libro se augura como un acto que presume ser tedioso y que sólo unos cuantos pueden apreciar, dependiendo de si la temática es o no de su incumbencia y en todo caso del vínculo que le una al autor. Por eso, toda expectativa quedó superada con creces, en esta ocasión. El aforo se fue llenando... y llenando. Faltaron sillas, pero enseguida sacaron más. Me sentí desbordada, y muy querida. Un interminable aplauso siguió a la charla, hubo preguntas repletas de sana curiosidad y afecto sincero. Pero lo que más hubo fue cariño a raudales.
 


A continuación estuve recibiendo felicitaciones y firmando libros durante más de una hora. No sólo a gente autóctona, también de pueblos colindantes, e incluso de fuera de España, porque en Frigiliana viven ingleses, franceses y alemanes, entre otras nacionalidades. Personas que en su día la visitaron con fines turísticos y acabaron quedándose para siempre. Me llegó al alma que me comentaran que mi charla les había transmitido paz y que habían disfrutado escuchándome. Con lo tímida que soy y el reto considerable que supone para mí hablar en público, oír algo así resulta realmente halagüeño. Desde la publicación de Pasión en Marrakech, este ha sido, con diferencia, el acto más emotivo que he protagonizado. La mayoría de gente había leído mi novela varios meses atrás, aun así compraron otros ejemplares para regalar. Se agotó casi por completo el stock disponible. Vamos, no es que vaya de diva, pero la verdad es que me hicieron sentir protagonista indiscutible y admirada... y me gustó. Fue maravilloso.
 


 
A toda mi familia (tanto los que fueron como los que no) por su colaboración, entusiasmo y apoyo: GRACIAS.
A todas las personas, conocidas y desconocidas, que estuvieron presentes: GRACIAS.
A los que deseaban ir pero no pudieron, no se acordaron o no se enteraron: GRACIAS.
A las magníficas fotógrafas espontáneas: GRACIAS.
Al Ayuntamiento de Frigiliana, a la Casa de la Cultura, a la Concejalía de Turismo, a la Librería Europa (Nerja): GRACIAS.
¡GRACIAS, frigilianenses!
¡¡¡UN MILLÓN DE GRACIAS, FRIGILIANA!!!
 
 
 
 
A Pili, porque si en el cielo hay acceso a internet, seguro que está leyendo esto con los ángeles.
 
 
 
 

lunes, 22 de septiembre de 2014

La Villa de Frexinius

 
 

Cuando alguien de mi entorno me oye nombrar a Frigiliana por primera vez me mira con extrañeza: “¿Frigiqué…?” Inquiere, con intriga. Entonces le explico que es el pueblo de mis padres, abuelos, bisabuelos y vete tú a saber cuántas generaciones más de mis antepasados. La segunda vez que ese mismo alguien me oye mencionar tan rebuscado nombre lo más probable es que me pregunte de nuevo: “¿Cómo has dicho que se llama…?” Y aún tardará algún tiempo en memorizarlo, porque hay que reconocer que el nombrecito se las trae (yo porque lo he interiorizado desde mi más tierna infancia, lo mismo que mis padres, tíos, primas y demás parientes, que sino…). Pero una vez que lo tenga asimilado jamás olvidará que: 1- Frigiliana está muy presente en mis conversaciones; 2- Forma parte de mi manera de entender la vida, de mi personalidad; y 3- La considero “mi pueblo”, aunque haya nacido en Barcelona.
 
 
Frigiliana es un municipio de Málaga (Andalucía, España) situado en la comarca de la Axarquía, entre la Sierra de Almijara y el Mediterráneo, a trescientos metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con el municipio de Cómpeta, al oeste con Torrox, y al sudeste con Nerja. Vamos, que Frigiliana es de montaña, pero se encuentra a tan sólo seis kilómetros de las espléndidas playas nerjeñas.
 
 

Sus orígenes datan de una época en la que el hombre primitivo empezó a hacerse sedentario, después del Neolítico, hacia el año 3000 a.c. Hay evidencias que la ubican, casi con toda probabilidad, en la cultura de El Algar, presente en la mayoría de poblados del sudeste de la Península Ibérica en la Edad del Bronce.
 
 

Por ella pasaron fenicios y romanos, siendo estos últimos los que la denominaron Frexinius-ana (la villa de Frexinius) que derivó en la actual Frigiliana. O por lo menos esa es la versión oficial, según estudiosos del tema.
 
 

Aunque sin duda fueron los árabes los que más huella dejaron en este bello enclave. Además de su influencia arquitectónica, que resulta evidente, introdujeron importantes avances en la agricultura, creando un innovador sistema de regadío a base de acequias y albercas que ellos mismos construyeron y aún se conservan, y que permitió la introducción de nuevos cultivos, como la caña de azúcar.
 
 

De las cruentas batallas entre moros y cristianos que allí se libraron, son fieles testimonios los doce mosaicos de cerámica en los que se narran e ilustran episodios de la Rebelión de las Alpujarras tan insignes como la Batalla del Peñón de Frigiliana. Estos mosaicos recorren las paredes del Barrio Morisco y fueron colocados ahí en 1982, el mismo año en que se le concedió al municipio el Primer Premio de Embellecimiento de pueblos de España.
 
 

Desde hace unos años, además, se celebra en esta villa el Festival Frigiliana 3 Culturas, unas fiestas que no dejan a nadie indiferente, en las que se pretende homenajear a las tres culturas que han dejado huella en estas tierras: la musulmana, la hebrea y la cristiana. El Festival se compone de una serie de actos musicales, culturales, gastronómicos y de ocio que mantienen a sus asistentes ocupados día y noche en un enorme abanico de eventos a elegir, para todos los gustos.
 
 

A grandes rasgos, eso es Frigiliana.
Para mí, sin embargo, es mucho más. Aún estaba en el vientre materno cuando la visité por primera vez. Desde que vine al mundo, mis padres me llevaron hasta ella verano tras verano, durante toda mi infancia y adolescencia. Después empecé a visitarla por mi cuenta y sigo haciéndolo, no cada año, pero siempre que puedo.
 
 

Frigiliana huele a estío caluroso, a risa infantil, a chapuzón refrescante en la alberca. A romero y a tomillo en la sierra, donde cantan las chicharras, donde si subes muy arriba, puedes ver cabras monteses, mientras atrapas renacuajos en la acequia para luego volver a soltarlos. Frigiliana huele a alegría inmensa, a felicidad infinita, a risotada púber, a amor de verano. A jazmín y a geranio mientras paseas por sus calles, cuando se pone el sol. A dama de noche, cuando se asoma la luna. Frigiliana huele a uva, a vino dulce, a higos secos, a miel de caña, a salsa de almendras. A callejones empedrados y balcones repletos de macetas de colores, adornando sus blanquísimas paredes encaladas. A puertas abiertas, a mujeres tejiendo al fresco, cuchicheando…
A todo eso sabe, huele y suena Frigiliana.
 

 
 
El sábado, 4 de octubre de 2014, a las 18 horas, estaré presentando mi novela Pasión en Marrakech en la Casa del Apero (Frigiliana).
 
 

Nota:
Pili, no será lo mismo sin ti y tú lo sabes. Echaré a faltar tu apoyo incondicional, tu entusiasmo y tu risa contagiosa. Siento mucho no haberte podido firmar el libro. Lo siento en el alma. Y sé que estarás presente, de una forma o de otra, amiga mía. 





Fotografías: Antonio Ruiz Ruiz


      

sábado, 30 de agosto de 2014

El tiempo entre escrituras

 
 
¡Se acaban las vacaciones! Y no lo digo con tristeza. Aunque mi desconexión ha sido parcial, siento que he recargado las pilas y estoy deseando reemprender la marcha con esos nuevos proyectos que me esperan a la vuelta de la esquina.

 

Necesitaba un período de relax, el 2014 está siendo un año intenso. Desde que en mayo de 2013 contactara conmigo Ediciones Tombooktú interesándose por mi novela Pasión en Marrakech, ha sido un no parar de emociones fuertes, sobre todo a raíz de su publicación, que tuvo lugar en octubre. Por primera vez experimentaba la felicidad de ver uno de mis libros expuesto en las estanterías de las librerías y probaba las mieles del éxito. Porque hoy en día publicar ya es un éxito en sí, como lo es que una novela consiga reseñas tan excelentes y positivas como las que ha generado Pasión en Marrakech


No todo han sido delicias, sin embargo. Mi primer libro, Me separé, aunque le amaba demasiado (ensayo) sigue pendiente de publicación; y lo mismo sucede con mi segundo libro y primera novela, Los ojos de Saïd (romántica), a pesar de no haber cesado en mi empeño de contactar con editoriales (grandes y pequeñas) de una forma progresiva y continuada, con constancia y sin desaliento.



Por otra parte, lo que he ganado dándome a conocer como escritora, lo he perdido en tiempo disponible para escribir, porque una servidora trabaja además por cuenta ajena, y no es fácil compaginar ambas actividades. No obstante, presiento que estoy en la dirección adecuada, trazando el camino que siempre deseé recorrer y no otro.




Tengo un sinfín de asuntos pendientes enumerados en mis "cuadernos de anotar la vida", como les llama Isabel Allende a los suyos, de una manera tan acertada. Yo también anoto mi vida entera. Canalizo las emociones a través de la escritura. Lo que ya he vivido cobra sentido, los planes y proyectos venideros se materializan. 


Y me lleno de energía positiva, imprescindible para avanzar en temas concretos.

Como por ejemplo:

1- Seguir con la novela que empecé a escribir hace unos meses y que, a pesar de haber sufrido una serie de interrupciones ajenas a mi voluntad... ¡presiento que os va a dejar boquiabiertos! Sólo os puedo adelantar que no es ni erótica, ni romántica; aunque contiene buenas dosis de romanticismo, erotismo, dramatismo... y pinceladas históricas. 

2- Empezar a plantearme distintas opciones de publicación. ¡Atención, editoriales! La que avisa no es traidora, mi paciencia tiene un límite. Cuando mis libros estén vendiéndose como churros en Amazon no me vengáis con súplicas y lágrimas de arrepentimiento.



3- Continuar dando a conocer mi novela Pasión en Marrakech tanto a través de las redes sociales, como con eventos varios. De momento tengo tres presentaciones a la vista, pero no puedo entrar en detalles aún porque hay datos pendientes de confirmar. Sólo os adelanto que serán en: la Llar del Llibre de Sabadell; la Casa del Apero de Frigiliana (Málaga); y la librería Santos Ochoa (Barcelona). ¡Os mantendré informados!

4- ...





 

sábado, 19 de julio de 2014

Mis lectores opinan

 
Esta es sólo una pequeña muestra de la lluvia de comentarios que he ido recibiendo a lo largo de estos nueve meses de vida de Pasión en Marrakech. A todos vosotros: ¡¡¡GRACIAS!!! Y por favor... ¡que no amaine el temporal! Vuestras opiniones son mi alimento.
 
 


"He terminado de leer esta novela. Cuando llegó a mis manos, no sabía exactamente qué me iba a encontrar. He de admitir que me he llevado una grata sorpresa. Lo primero que quisiera decir, es que Pasión en Marrakech es una novela muy bien escrita, detalle que es de agradecer. Su estilo narrativo es moderno, ágil y dinámico, no exento de una depurada técnica narrativa. No se anda por las ramas para contarnos la historia de Edurne, una mujer de cuarenta y tantos que, buscándose a sí misma, realiza un viaje concertado a Marruecos, y comienza para ella no sólo un viaje que se antoja, según vas leyendo, que pueda ser sin retorno. La autora nos muestra un Marruecos fascinante donde, con su destreza y creativa pluma, podemos imaginar sus calles, sus mercados, sus desiertos, sus dunas y las inquietudes de Edurne, alguien nada superficial que, sin saberlo, va a hacerse un debate interno y va a deshacer de una vez por todas los males que una estricta educación religiosa donde todo era malo o pecaminoso. Tiene que hacer un recorrido (bajo mi punto de vista muy oportuno) por su niñez, juventud y madurez, para que el lector sepa con exactitud cuáles son las carencias de la protagonista. Alguien que no tardará en dejarse llevar y descubrir que la sensualidad o la sexualidad es tan importante y necesario como comer o respirar. ¿Cómo es posible que ella descubra su sexualidad a punto de cumplir los 50 años de edad? La descubre y cae rendida a sus efectos beneficiosos. El caso es que cuando quiere darse cuenta se ha enamorado perdidamente. Es una novela bien escrita donde he podido visualizar Marruecos y sus gentes. Os puedo garantizar que en mi lista de viajes optaré por realizar el itinerario que Mar Montilla nos describe en su libro. Quiero felicitar a la autora por una aportación tan atractiva de lo divino y lo humano". Ignacio Ramón Martín Vega.
 
 

"Hola Mar. Ya terminé el libro. A pesar de no ser asidua a este tipo de literatura he de decirte que me ha encantado. Comencé a leer el prólogo y desde entonces me enganchó de tal manera que cada rato que podía me dedicaba a su lectura hasta que le he dado fin. ¡¡¡Cuánta pasión!!! ¡¡¡Felicidades!!!)". Yolanda de las Heras.
 
 

"Pero qué me has hecho Mar... Me estoy releyendo Pasión en Marrakeck. Es que es hot, hot... ¡¡¡Me encanta!!!" Cristina Luquiño.
 
 

"He terminado. Me has regalado tanto, tanto... con tu libro, tu valentía y tu hermosa personalidad. Esto sí es un gusto conocerte y no una plana amabilidad. Que nos lleve el destino a grandes y muchos proyectos. Gracias, Mar, muchas gracias". Mariana Salcido.

 



"Mar me encantó tu libro, es bien romántico. Edurne y Rachid son maravillosos y lo demás no digamos... yo estuve con mi esposo en esa ciudad, lo pasamos muy bien besos". Nuria Pérez Martínez.
 
 
 
"Me ha encantado tu libro... muchísimo más que una novela erótica, desde luego... fácil de leer, engancha, divierte... y además muestra el lado más oscuro del dolor que pueden provocar los dogmas que nos inculcan, que lejos de facilitarnos la vida, nos la coartan e impiden la felicidad de conocernos a nosotros mismos... ¡muy buena!" Sonia Borrás Ametller.
 
 

"Querida Mar Montilla:
Hacía tiempo que quería escribirte algo más que unas líneas (ya lo hice en privado) para decirte cuanto me gustó Pasión en Marrakech. Para todo el que no lo sepa, Mar y yo somos compañeras de editorial, aunque aún no nos conocemos personalmente. Ya llegará. Todo llega en la vida. Lo primero que hice cuando supe que la editorial publicaría mi novela, fue interesarme por el resto de mis compañer@s de editorial, especialmente por las mujeres. Consideraba una norma de cortesía mínima leer lo que publicaban, aunque no las conociera de nada. Y me puse manos a la obra. Aparqué todas mis lecturas pendientes y me zambullí en un montón de libros que me esperaban y ansiaba leer. Dejé Pasión en Marrakech como última lectura. Reconozco, no lo voy a negar, que no soy lectora asidua de novela erótica. Desde mis años de juventud con Anais Nin, no volví a leer nada del género hasta la inevitable y horrorosa 50 sombras de Grey, que me dejó tan trastornada que creí no recuperarme jamás de esa pavorosa experiencia. Nada más empezar a leerla, comprendí que Pasión... no era una novela más. Había un argumento, creíble y perfectamente estructurado, como más tarde, a medida que iba pasando de página, fui descubriendo. La historia de Edurne me emocionó e incluso me recordó a un caso muy parecido de mi entorno más íntimo. Además de eso tenía el acicate de Marruecos, un país que tengo el gusto de conocer, tan atrayente, tan exótico, tan misterioso. Con ese cielo índigo y estrellado que solo puedes contemplar allí. El libro simplemente te atrapa y te cautiva, en especial por la magnífica pluma de Mar, que sabe como reflejar de manera magistral paisajes, lugares, ciudades, sensaciones, angustias, miedos e incertidumbres, y donde el toque erótico, para mí sin duda el más complicado, es elegante y en su justa medida. Una lectura que disfruté y devoré en apenas dos días, de una autora que solo con su foto ya me transmitió buenas vibraciones. Reconozco que leo mucho y soy terriblemente exigente. Con esto quiero decir que si he escrito esto, es porque me apetecía y porque es la verdad. ¡Mar ya me has ganado como lectora! Sigue y triunfarás, porque lo haces realmente bonito, compi. Un beso". Susana Cañil Herrera.
 
 
 
 
 

domingo, 29 de junio de 2014

Luna cómplice

 
 
 
 
 
 
 
Amaneces a mi lado, pero no puedo tocarte.

Me miras suplicante,

te miro comprensiva.

No comparto, pero tolero.

No entiendo, pero respeto.

Admiro tu entereza y tu fe.

Te levantas, te duchas

y te vas a trabajar con el estómago vacío,

sin que de tus labios salga

ni una sola queja.

Preparo café y desayuno sola.

Dedicaré mi día libre a esos asuntos pendientes

que siempre quedan, aunque estaré impaciente,

a qué negarlo, por tu retorno.

Regresas con la puesta de sol,

exánime y sin embargo sereno. Es la hora.

Tu cuerpo recupera el color y el calor

mientras tomas la sabrosa harira que te he preparado

(cuya receta conseguí a través de la amiga de una amiga mía).

Te brillan los ojos de felicidad.

Te pones cariñoso, tierno, dulce como la miel...

Me haces el amor con renovada pasión.

Y la luna, cómplice, contempla cómo la noche

se va transformando

en una orgía para los sentidos,

que durará hasta antes

de que despunte el sol.
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 


domingo, 8 de junio de 2014

Madrid y su Feria del Libro






La vez anterior que visité esta hermosa ciudad, lo hice con un objetivo concreto: asistir a un concierto de U2 en el Santiago Bernabeu que tenía como invitados a artistas de la talla de Pretenders y UB40. Tuvo lugar el 15 de julio de 1987 y para mí fue un acontecimiento especial del que disfruté con esa intensidad con la que solo se goza a los 20.



O sea que cuando aterricé en la estación de Atocha, a las 9h de la mañana, el sábado, 31 de mayo de 2014, llevaba nada más y nada menos que veintisiete años sin pisar la capital de España. En esta ocasión lo hacía también con una meta clara, aunque muy distinta: firmar ejemplares de mi novela Pasión en Marrakech en la Feria del Libro, convertida ya en una mujer madura que lucha por darse a conocer como escritora y por consagrar la que siempre fue su vocación.


Madrid me recibió con un sol espléndido, y eso que había estado nublado en días anteriores, o eso fue lo que me contaron. Descendí del Ave sonriente y pletórica, dispuesta a la aventura, expectante. No recordaba la inmensidad del Parque del Retiro, tuve que preguntar a varias personas para no perderme, antes de alcanzar mi destino: la caseta 175.


Al fin pude ponerles caras a algunos miembros de Ediciones Nowtilus/Tombooktu con los que llevo más de un año en contacto continuo a través del correo electrónico, el teléfono y las redes sociales, como Santos Rodríguez, Teresa e Isabel López-Ayllón. Aunque me hubiera gustado conocer también a Raquel, a Ana Isabel... Todos fueron amables conmigo y me sentí muy a gusto con ellos, en su caseta, que por un ratito fue también mía (aunque, con el permiso de los demás, debo decir que le tengo especial aprecio a Isabel porque fue ella la que me descubrió a través de este blog y la primera que contactó conmigo).


Mi jornada de firmas empezó a las 12h y lo hizo con timidez. Escasas personas se acercaban al principio, luego algunas sintieron curiosidad, y poco a poco la cosa se fue animando bastante. Me dio gran alegría que fueran a verme mis primos Oscar, Elena, Iván y Mari Carmen, con los niños. Y también que lo hiciera Rocío (Sherezade), una amiga a la que sólo conocía a través de las redes. Había gente que se acercaba a hojear algún ejemplar de Pasión en Marrakech por azar, pero otra ya había oído hablar de la novela y la buscaba expresamente. Era emocionante presenciar con qué entusiasmo me pedían que les firmara mi libro. Eso no tiene precio, os lo aseguro.








Tuve algunas sorpresas inesperadas, como la grata visita de Natalia Pulido, periodista y fotógrafa (http://villaviciosadigital.es/) que ya me entrevistó por teléfono en octubre de 2013, nada más publicarse Pasión en Marrakech, y volvió a hacerlo hace unos días, con motivo de la Feria del Libro, y para comprobar cómo me ha ido en estos ocho meses. Natalia es encantadora y conocerla en persona fue para mí todo un placer.

Mi jornada de firmas finalizó a las 14h, me resistí como nunca a abandonar mi puesto... y sólo lo hice porque no me quedaba otro remedio.

No pude conocer a mi querida Almudena Grandes, ¡qué lástima! Con la ilusión que me hacía... Ella estuvo la tarde anterior firmando Las tres bodas de Manolita y lo volvería a hacer varios días después. Pero no coincidimos.




El día se esfumó en un soplo. Por la tarde alguna que otra visita turística y a las 20,30h me subía de nuevo al tren de Alta Velocidad para regresar a mi ciudad.



Ha sido todo un honor para mí estar presente en la 73ª edición de la Feria del Libro de Madrid, en la caseta 175, muy cerca de otras casetas en las que han firmado, firman y firmarán grandes autores que forman parte de la historia de la literatura.

Gracias, Madrid, por tu estupenda acogida. Y una cosa tengo clara: esta vez no voy a tardar veintisiete años en volver.
   

¿Escritora en crisis?

Estoy en crisis, me digo a mí misma. ¿Por qué? Me pregunto, iniciando una especie de monólogo interno absurdo. Porque aún no he empezado la ...